Boletín de la reunion nº 3744

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Mi�rcoles 3 de febrero de 2010

A�O XLVI N� 2174 La reuni�n de hoy������������������ 3744 Asistencia total�������������������������� 22 Socios del Club�������������������������� 18 Invitados por el club�������������������� 4

Programa

  • Izamiento de banderas
  • Informe de secretar�a
  • Disertaci�n a cargo del Dr. Miguel Angel de Marco (h) sobre �"La significaci�n hist�rica del 3 de Febrero, antesala del Bicentenario de Mayo".

Izamiento de banderas

  • Argentina : Angel Girardi
  • Rotaria : Miguel Angel Vidour

En ausencia de nuestro Presidente Jaime Abut, presidi� la reuni�n el Vicepresidente 1�, Enrique Lingua.

Informe de secretar�a por Fernando Terr�

Hoy tenemos el placer de recibir en nuestra tribuna al Dr. Miguel Angel de Marco (h). De Interact Club de Rosario: Vanesa Serra y Elisa Ciceri

Noticias de nuestros socios
  • Lamentamos informar que el d�a 27 de enero falleci� la Sra. Nora Josefa Angaroni de Cant�n, madre de nuestro amigo Osvaldo Canton.
  • El d�a 28 de enero asisti� a la reuni�n conmemorativa del 54� Aniversario del Rotary Club de Miramar: Marcelo Martin.
  • El viernes 12 de febrero, a las 20:45 hs., en la Catedral Bas�lica Nuestra Se�ora del Rosario, contraer�n matrimonio Ver�nica Vinzia con Pablo Linari Micheletti, hijo de nuestros amigos Mar�a Cristina y Marcelo Linari Micheletti. Muchas felicidades.

Pr�xima reuni�n Mi�rcoles 10 de febrero de 2010, a las 21 hs., en la terraza del Jockey Club de Rosario, oportunidad en que disertar� nuestro consocio Jorge Nagel sobre �El camino de las emociones�. Presentaci�n del disertante Luis Carello hizo la presentaci�n del disertante. A continuaci�n detallamos su curr�culum abreviado:

  • Es especialista en historia de Rosario y su regi�n.
  • Doctor en Historia, es Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Cient�ficas y T�cnicas de la Rep�blica Argentina (CONICET), y en car�cter de tal participa de equipos de trabajo de renombre nacional e internacional.
  • Miembro de la Academia Nacional de la Historia, del Instituto Nacional Belgraniano y otras instituciones dedicadas a los estudios hist�ricos.
  • A sus 43 a�os de edad es autor de una docena de libros dedicados a Rosario, su regi�n, y la provincia de Santa Fe.
  • Director de la revista mensual �Rosario, su historia y regi�n�, con 9 a�os de vida y 81 n�meros editados.
  • Director del Centro de Estudios Hist�ricos del Desarrollo Regional (CEHDRE), asociado a la Agencia de Desarrollo Regi�n Rosario.
  • En la revista de la Bolsa de Comercio lleva adelante la serie �Empresas centenarias de la regi�n�, con cerca de una docena de firmas publicadas.
  • Es colaborador del diario La Capital desde hace 20 a�os.
  • Ha participado de distintos emprendimientos televisivos y radiales.
  • Asesor de instituciones estatales y privadas en materia de identidad hist�rica.
  • Fue coordinador de la Comisi�n Popular 150 a�os de Rosario como ciudad, y de los 50 a�os del Monumento Nacional a la Bandera. Colaborador de la Comisi�n del Bicentenario de Mayo de la Municipalidad de Rosario.

Palabras del disertante El Bicentenario de la Revoluci�n de Mayo 1810-2010, tiene en el 3 de Febrero la primera de sus grandes efem�rides conmemorativas, en raz�n de haberse librado ese d�a el combate de San Lorenzo y todo lo que �ste episodio encierra en s� como narraci�n fundacional en la construcci�n de la Argentina. Sin embargo, para Rosario, la fecha del 3 de Febrero, tiene un significado especialmente constitutivo de lo que hoy ella es. Un 3 de febrero de 1852, hace 158 a�os, el Ej�rcito Grande, comandado por el General Justo Jos� de Urquiza, venci� en los campos de Caseros a las tropas del Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, qui�n redact� su renuncia y se asil� en la legaci�n brit�nica. De esta manera la Naci�n pudo marchar hacia la organizaci�n constitucional y Rosario iniciar su despegue econ�mico institucional. De all� que es importante recordar que la denominaci�n de la c�ntrica calle 3 de Febrero no es alusiva al Combate de San Lorenzo sino a la Batalla de Caseros, tal como se decidi� en el momento de su imposici�n por parte de aquella dirigencia liberal, conciente de lo que la misma implic� para su definici�n como ciudad. Pocos meses despu�s de la Batalla de Caseros, el General Urquiza impuls� su elevaci�n al rango de ciudad, dejando atr�s su condici�n de Villa que se le impusiera en 1823, y la convirti� en el baluarte de un nuevo modelo de pa�s. La invitaci�n del contador Enrique Lingua a referirnos al Combate de San Lorenzo ha implicado para m� la relectura de los escritos cl�sicos y actuales sobre ese acontecimiento. De todas las contingencias del combate de San Lorenzo hay dos que m�s me llegan, quiz�s por estar relacionadas con los imponderables que acompa�an a toda empresa. Como el error de Berm�dez, que casi le cuesta la vida a San Mart�n y que le llevara a suicidarse. El m�s reciente libro sobre el General Jos� de San Mart�n es el de John Lynch, presentado en las librer�as del pa�s por estos d�as, titulado �San Mart�n, soldado argentino, h�roe americano�. Lynch es uno de los m�ximos especialistas en la historia de Am�rica Latina y luego de haberse ocupado con �xito de la figura de Sim�n Bolivar, aborda ahora la de San Mart�n. En esta exhaustiva obra, el catedr�tico em�rito de la Universidad de Londres, afirma que luego de la obra de Bartolom� Mitre sobre San Mart�n, la mas completa y excelente que se ha escrito hasta el presente es la de la Doctora Patricia Pasquali, que ustedes tuvieron la posibilidad de tratar como miembro de este Rotary. Es un galard�n p�stumo merecid�simo a una vida consagrada a la historia patria. Adentr�ndonos en el combate de San Lorenzo es preciso se�alar que los realistas ten�an su enclave en la ciudad puerto de Montevideo, que se encontraba sitiada por tierra pero que controlaba la navegaci�n por el R�o Paran�, y era antigua la relaci�n comercial entre Montevideo y el Pago de los Arroyos, as� que conoc�an muy bien de qu� se pod�an proveer aqu�. En enero de 1813 se supo que en Mart�n Garc�a se preparaba una expedici�n de 300 soldados voluntarios, en su mayor�a americanos, rioplatenses, los que ser�an transportados en once barcazas y escoltados por tres buques artillados. El mando militar correspond�a al Capit�n Juan Antonio de Zavala y el naval al Corsario Rafael Ruiz. Enterado el gobierno puso a las poblaciones ribere�as en estado de alerta y destin� al regimiento del Coronel San Mart�n impedir su cometido. No ser�a una tarea f�cil porque la flotilla de saqueo operaba a la manera de los corsarios. Su suerte consist�a en atacar en los puntos d�biles de la costa y huir a la menor sospecha de una resistencia en tierra superior a sus posibilidades. San Mart�n apelando a distintos recursos logr� que los invasores no sospecharan la presencia de un cuerpo regular tras sus pasos. Su objetivo primordial era lograr que desembarcaran y destruirlos completamente. Hasta ese momento la flotilla se la hab�a tenido que ver con las malas armadas milicias de las localidades ribere�as. Por otra parte, la caballer�a hab�a sido quiz�s el arma m�s desatendida por el gobierno espa�ol, tanto en la Pen�nsula Ib�rica como en sus dominios. San Mart�n al formar el cuerpo de Granaderos a Caballos estaba sentando las bases de conceptos novedosos de la guerra, entendiendo a su cuerpo de Granaderos como una unidad m�vil de elite, la �escuela de oficiales de los que se valdr�a para su plan de liberaci�n continental�. De ella saldr�an 19 generales, 60 coroneles y 200 oficiales, que durante trece a�os participar�an de la emancipaci�n de Sudam�rica. El Triunvirato convencido de la necesidad de conformar la mejor unidad militar pidi� a las provincias de C�rdoba, San Luis y La Rioja que cada una enviara los 100 mejores hombres que dispusieran para la lucha, lo mismo ocurri� con Buenos Aires, donde los m�s habilidosos hombres de a caballo de las estancias fueron enrolados, que a su vez eran originarios del interior y que hab�an llegado al litoral de la mano del auge de la producci�n rural. El propio �Sargento Juan Bautista Cabral�, era un correntino que se desempe�aba en Buenos Aires como capataz de estancia. Quiz�s nadie habr� tenido en su momento m�s expectativas sobre el comportamiento de los Granaderos en San Lorenzo que el propio San Mart�n. Una sucesi�n de acontecimientos propiamente argentinos, es decir impregnados por la improvisaci�n cr�nica y la sombra de la intriga, acompa�aron la marcha de San Mart�n desde Buenos Aires a Rosario. Primero, el gu�a contratado por el gobierno se perdi� y luego el due�o de la posta de Santos Lugares no hab�a recibido la comunicaci�n del Triunvirato de tenerles preparado caballos de refresco; de esa manera la marcha se retras� dos d�as, mientras la escuadrilla realista ya hab�a pasado San Nicol�s. San Mart�n lleg� a sospechar que en verdad se le estaban poniendo trabas para concretar su misi�n, de parte de aquellos que en la cercan�a del Triunvirato desparramaban sospechas sobre su lealtad a la causa revolucionaria, asegurando de que �l era un esp�a espa�ol. En verdad, con toda una foja de servicio en el Ej�rcito Espa�ol, este hombre de 34 a�os de edad hab�a llegado al pa�s hac�a menos de un a�o y gracias a la Logia Lautaro ten�a ahora un cuerpo militar de elite en sus manos. Era mucho poder para un desconocido. Fue as� que tom� una resoluci�n, evitarse nuevas sorpresas en el camino, encarg�ndose el mismo de que no le faltara caballada en las pr�ximas postas, enviando a tal fin al abanderado �ngel Pacheco. El 30 de enero los realistas estuvieron frente a Rosario y sus intentos de desembarco fueron rechazados por el comandante de milicias Celedonio Escalada, junto a unos cincuenta paisanos rosarinos. El 31 fondearon en San Lorenzo y un contingente lleg� hasta el Convento a exigir v�veres pero debieron retirarse ante la proximidad de los hombres de Escalada, que desde Rosario ven�an a su encuentro. San Mart�n hab�a comenzado a jugar su propio combate de San Lorenzo desde el momento mismo que hab�a partido de Buenos Aires, porque del �xito o el fracaso del mismo depender�a su lugar futuro y, porque no, el de la Logia, dentro del movimiento revolucionario. De all� que fue tomando decisiones arriesgadas, como dejar atr�s a los infantes y a la columna de transporte a la altura de San Pedro, para llegar con el resto de sus hombres a marcha forzada hasta San Lorenzo. El 2 de febrero los realistas se prepararon para desembarcar de una vez por todas en las proximidades del convento, pero dando por tierra los esfuerzos de San Mart�n y los granaderos que a�n no hab�an llegado. Sin embargo un hecho fortuito cambi� la historia: la fuerza del viento del Paran� impidi� que los barcos pudieran maniobrar para el desembarco, debiendo resignarse a utilizar ese d�a para practicar combate en las islas. A la medianoche del 2 de febrero lleg� la hueste de San Mart�n y sus 125 granaderos al Convento, en el mayor sigilo, por el port�n trasero, dejando a los Granaderos al pie del caballo con la intenci�n de aguardar el momento m�s oportuno para atrapar al enemigo a corta distancia. Alrededor de las cinco de la ma�ana del 3 de febrero subi� San Mart�n al campanil y observ� el desembarco de las tropas enemigas � unos 250 hombres -, que pocos momentos despu�s, formadas en dos columnas y portando dos piezas de artiller�a, comenzaban a subir desde la ribera. El coronel baj� presuroso y areng� a sus 120 soldados, a los que prohibi� que disparasen un solo tiro, recomend�ndoles que se fiaran del empuje de sus lanzas y sables, y que tuvieran en cuenta que aqu� se jugaba la honra del regimiento. Les hab�a ense�ado que una vez superado el momento de la primera descarga de fusiler�a del enemigo, el momento de mayor peligro ya habr�a pasado y ellos tendr�an la ventaja de la carga a su favor. En ese momento encarg� el mando de la mitad de la fuerza al Capit�n Justo Berm�dez, para que con ella atacase el flanco izquierdo del enemigo, mientras �l atacaba de frente, encontr�ndose ambas columnas en el centro del campo. Al toque del clar�n y en menos de un minuto los granaderos estuvieron sobre los realistas. Sin embargo, el centro comandado por San Mart�n lleg� antes que la columna de Berm�dez por lo que el fuego de la infanter�a, carabinas, fusiles y ca�ones se dirigieron al enemigo m�s pr�ximo, el grupo que encabezaba el Libertador, caus�ndole el mayor da�o. Fracciones de segundo despu�s lleg� la carga de Berm�dez por la izquierda que termin� definiendo el combate, obligando a la retirada del invasor. Esa peque�a, pero decisiva diferencia de minutos, explica el contorno dram�tico del episodio que hemos aprendido desde chicos cuando San Mart�n qued� aplastado por su caballo y el entrever que casi le cost� la vida. Tal como lo reflejan los �leos del combate, el coronel qued� pr�cticamente en la primera l�nea frente a una veintena de fusiles y dos ca�oncitos que abrieron fuego sobre su grupo al mismo tiempo. Como bien dice Patricia Pasquali en su libro, San Mart�n asumi� la posici�n de m�ximo riesgo f�sico en el combate, convirti�ndose, por su f�cilmente diferenciable uniforme, en un blanco preferente del enemigo. Lo hizo a conciencia. Lo que no pudo prever es la demora de Berm�dez. El caer por el otro costado lo hubiera hecho dividir el fuego. Aprisionado bajo el caballo, un realista trat� de ultimarlo con un sable a la altura de la cabeza, que San Mart�n logr� esquivar, quedando su mejilla izquierda tajeada. En ese momento otro soldado realista llegaba corriendo para clavarle su bayoneta pero lo detuvo Baigorria con su lanza, mientras, el correntino Juan Bautista Cabral desmont� para liberar a su comandante del peso del caballo que lo oprim�a. A cambio perdi� la vida por dos impactos de bala. A todo esto los milicianos rosarinos de Escalada llegaron y cubrieron con sus disparos a San Mart�n. Despu�s que sucedi� todo esto y que el comandante Zavala ordenara replegarse, cay� la columna de Berm�dez, que termin� por arrojar a los realistas hacia las barrancas. La escuadrilla pudo cubrir el retorno de los realistas a sus naves, siendo el mismo Berm�dez alcanzado por un tiro que le deshizo la r�tula. Al d�a siguiente, el doctor Francisco Cosme Argerich tuvo que necesariamente amputarle la pierna. Dos semanas m�s tarde decidi� arrancarse el torniquete que sujetaba su mu��n y muri� desangrado. Patricia Pasquali deja entrever la posibilidad de que la decisi�n de Berm�dez de quitarse la vida hubiera respondido a la consideraci�n de San Mart�n de que por un error del capit�n encargado de la segunda columna, �que hab�a hecho un rodeo m�s largo que el necesario�, hab�a posibilitado de que gran parte de los atacantes se hubieran podido replegar. En un croquis del combate, elaborado por el General Diego Soria, puede observarse que el mencionado error de Berm�dez consisti� en girar hacia las tropas realistas 150 metros al sur de lo que tendr�a que haberlo hecho. Haber visto las consecuencias de su acci�n en vidas y heridos, incluyendo el trance que sorte� milagrosamente su comandante, quiz�s pes� en el �nimo de Berm�dez a la hora de tomar la decisi�n. Tambi�n es probable que hubiera tomado esa decisi�n al verse privado de una pierna y de la continuidad de su carrera, en la plenitud de la edad, ten�a 39 a�os. Era uruguayo y tan montevideano como� a los que arroy� con su carga. En el parte San Mart�n no se refiere a la actitud de Berm�dez, simplemente dice: �tengo el honor de decir a V.E. que el d�a 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo a las armas de la Patria [�]. Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubiera terminado en ese d�a de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paran�, si la proximidad de las bajadas que ellos no desampara, no hubieran protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento ser� un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar estos pac�ficos moradores�. No se equivoc�. Murieron catorce patriotas y cuarenta realista, quienes fueron enterrados con los honores de rigor. San Mart�n qued� herido de un tajo en la cara, el brazo dislocado y la pierna magullada. Si bien es comprobable que la demora de Berm�dez influy� en la intensidad de fuego que recibi� San Mart�n y su columna, tambi�n que este coronel no tom� recaudos para preservar su vida en el enfrentamiento, sino que encabez� el ataque. Que es lo que puede llevar a un hombre exponerse de tal manera, m�s teniendo en cuenta que lejos de ser un oficial temerario e irreflexivo era un oficial racional con un proyecto superior en mente. Coincidimos con Patricia Pasquali en que la decisi�n de ser el primero en afrontar el peligro respondi� a la necesidad que ten�a de mostrar de manera contundente su compromiso con la Revoluci�n. Hab�a observado que una actitud de este tipo era el camino m�s directo, quiz�s la v�a necesaria, para consolidar una confianza que por otras v�as hubiera llevado a�os, y quiz�s la vida. Una apuesta a todo o nada. Por lo pronto de esa manera sell� un lazo de lealtad inconmovible con su propio regimiento. Pero m�s all� del episodio b�lico y pol�tica detr�s del combate de San Lorenzo es indudable que este ocupa un lugar preferencial en la memoria colectiva de los argentinos, los pueblos del interior y en especial de los sanlorencinos y los habitantes de las localidades del cord�n industrial norte del Gran Rosario. Es un caso sumamente valioso para los estudiosos de la historia de la memoria colectiva y por las referencias que suscita y por el discurso que se construy� luego sobre San Lorenzo, pero esto no quiere decir que se haya tratado de un evento militar menor. En todo caso ser�a m�s correcto afirmar que el mismo fue �de una reducida escala num�rica en cuanto a las fuerzas intervinientes�. Sin embargo tiene todos los ingredientes de los grandes combates �picos de la historia de la humanidad. Despedida por nuestro Vicepresidente 1�, Enrique Lingua Amigos, resulta emocionante que este 3 de Febrero hayamos podido rememorar el hist�rico Combate de San Lorenzo a trav�s de la� brillante exposici�n de nuestro amigo Miguel �ngel De Marco. Pero lo que resulta m�s emocionante a�n, es poder observar que los nombres de h�roes como� el Capit�n Berm�dez, el Sargento Cabral y el Fray Luis Beltr�n, que como muchos otros dieron su sangre por la Patria, se hayan ennoblecido en pueblos �de esta pujante zona industrial, una de las m�s importantes de la Rep�blica, y que desde la inmortalidad� seguramente deben estar orgullosos. Nuestra Historia �se ha ocupado de resaltar la vida de muchos argentinos que han tenido el privilegio de dar lo mejor de s� por la Patria. Esperemos que la epopeya sanmartiniana que tuvo su comienzo con el Combate de San Lorenzo sea motivo de inspiraci�n para que los hombres p�blicos argentinos asuman sus responsabilidades con igual exaltaci�n y patriotismo. Finalmente entreg� al disertante un testimonio de su paso por nuestra tribuna y unos copones para que disfrute del buen vino.